La sobresaturación del mercado con productos y servicios similares ha intensificado
la competencia, haciendo imperativo para las empresas destacarse no solo por la
calidad o precio, sino por un valor añadido que resuene con los consumidores. Es en
este contexto que el branding adquiere su máxima importancia, pues se encarga de
construir y cultivar esa conexión profunda y significativa con el público objetivo
(Maza-Maza et al., 2020).
Esta relación va más allá de la simple transacción comercial. En un mundo abrumado
por la información, los consumidores se inclinan hacia marcas que les ofrecen
experiencias auténticas, historias con las cuales pueden identificarse y valores que
pueden respaldar .Un branding eficaz, por ende, no solo diferencia a una marca de sus
competidores, sino que también establece un vínculo emocional y leal con su
audiencia, consolidando su posición en el mercado y asegurando su relevancia a largo
plazo (Maza-Maza et al., 2020; García -Lavernia Gil, 2021).
Por su parte, el simbolismo cultural se refiere al conjunto de símbolos, tradiciones e
historias arraigadas en una comunidad o cultura. Estos símbolos, cargados de
significado, son herramientas poderosas en manos del branding, ya que permiten a las
marcas conectarse profundamente con su público al resonar con sus valores y
tradiciones intrínsecos (Comunicacional, 2014).
Las marcas que entienden y aplican adecuadamente el simbolismo cultural en sus
estrategias no solo se presentan como entidades que valoran y respetan la identidad
local, sino que también crean una conexión auténtica y duradera con su audiencia
(Rivera, 2016; Moreno & Arbaiza, 2020). En contextos locales como Latacunga, donde
la cultura y las tradiciones tienen un papel predominante en la vida cotidiana, el
branding que incorpora elementos culturales autóctonos puede alcanzar un nivel de
aceptación y lealtad inigualable
Esto se debe a que, al utilizar el simbolismo cultural, las marcas se presentan no como
entidades externas que buscan penetrar en el mercado, sino como parte integrante de
la comunidad, compartiendo y celebrando su rica herencia cultural (Galeas &
Calderón, 2017).Esta afinidad genuina es un activo invaluable para cualquier marca
que aspire a establecer raíces profundas y duraderas en un contexto local específico
(Ginsberg, 2023).