Recognition of the body as territory, making visible
what is not seen
Reconocimiento del cuerpo
como territorio: visibilizando lo que no se ve
Imaginario Social e-ISSN: 2727-6362 enero - junio 2019 Vol. 1-1-2019 http://revista-imaginariosocial.com/index.php/es/index Recepción: 19 de octubre 2018 Aceptación: 2 de diciembre 2018 19-37
Rodríguez Pinilla, Heydi
Corporación
Universitaria Minuto de Dios Zipaquirá - Colombia
hrodrigu106@uniminuto.edu.co
Orcid: https://orcid.org/0000-0002-4515-2003
Rodríguez
Vásquez, Yurleydis
Corporación
Universitaria Minuto de Dios Zipaquirá - Colombia
yrodrigu268@uniminuto.edu.co
Orcid: https://orcid.org/0000-0002-9201-9002
Resumen
La coyuntura de violencia que se ha presentado alrededor del
cuerpo como territorio, en este caso el acoso sexual callejero, se ha
convertido en un fenómeno social que se reproduce cotidianamente y a su vez
socialmente se justifica, considerándose normal dentro de las interacciones
humanas; cuerpos femeninos y masculinos han estado sometidos a violencias como
el acoso sexual callejero, alienados a discursos hegemónicos, creados alrededor
de qué es ser hombre y que es ser mujer con todo lo que implica física,
fisiológica y psicológicamente. Se refleja en las expresiones del cuerpo,
sometidos bajo la subordinación y manipulación de controles sociales, manuales
de comportamiento, culturas, creencias y tradiciones que llevan al sujeto y al
cuerpo a comportarse y actuar de maneras determinadas,
condicionando la forma de Ser y de estar en el mundo.
Esta investigación con
enfoque cualitativo descriptivo permite presentar una interpretación sobre la
percepción que se tiene frente al reconocimiento del cuerpo como territorio al
ser víctima de esta violencia, dado que las dinámicas actuales no permiten confrontar algo tan real
como lo es la violencia en las calles, por ende, consideramos necesario
desde escenarios pedagógicos, visibilizar por medio de cartografía la violencia
de género que se presenta como fenómeno social del acoso sexual callejero, a
partir del reconocimiento crítico del cuerpo como territorio en sabana centro.
La recolección de
información se obtuvo por medio de grupos focales a través de técnicas como la
observación participante, el diario de campo y la entrevista no estructurada.
Palabras clave: Acoso
sexual callejero, cuerpo, género, relaciones de poder y violencia simbólica
Abstract
The situation of violence that has arisen around the
body as a territory, in this case sexual harassment in the street, has become a
social phenomenon that is reproduced daily and at the same time socially
justified, being considered normal within human interactions; female and male
bodies have been subjected to violence such as sexual harassment in the street,
alienated from hegemonic discourses, created around what it is to be a man and
what it is to be a woman with all that this implies physically, physiologically
and psychologically. It is reflected in the expressions of the body, submitted
under the subordination and manipulation of social controls, behavior manuals,
cultures, beliefs and traditions that lead the subject and the body to behave
and act in certain ways, conditioning the way of being and being in the world. This research with a qualitative
descriptive approach allows us to present an interpretation about the
perception of the body as a territory when being a victim of this violence,
given that the current
dynamics do not allow us to confront something as real as violence in the
streets. Therefore, we consider it necessary, from pedagogical
scenarios, to make visible through cartography the gender violence that is
presented as a social phenomenon of Street sexual harassment, from the critical
recognition of the body as a territory in Sabana
Centro. The collection of
information was obtained by means of three (03) focal groups through techniques
such as participant observation, field journal and unstructured interview.
Key word: Street sexual harassment, body, gender, power
relations and symbolic violence
Introducción
El acoso sexual callejero es un tipo de
violencia simbólica, en donde no existe un consentimiento ni reciprocidad
frente a los hechos, se manifiesta por medio de insinuaciones, persecuciones,
tocamientos, masturbación, acercamientos físicos, exhibicionismo, entre otros,
se ejerce en lugares públicos, creando condicionamientos en la forma de vivir,
cambios en las rutinas de las víctimas y repercusiones a nivel físico,
psicológico y emocional, así como lo menciona (Arancibia, et. Al 2015, p. 12).
Citada por) (Lizcano Rivera, D. C., & Ordóñez, J. E.) “el Acoso Sexual
Callejero corresponde a toda práctica con connotación sexual explícita o
implícita, que proviene de un desconocido, que posee carácter unidireccional,
que ocurre en espacios públicos y tiene el potencial de provocar malestar en
el/la acosado/a.” (pp.5).
Así mismo, se considera como una violencia simbólica la cual se
invisibiliza y naturaliza en el transcurso del tiempo, considerándose como
“normal” dentro de las interacciones humanas y
justificado en el diario vivir de las mujeres y hombres, según Calderone
(2004) dice que “la idea de violencia
simbólica implica pensar, necesariamente, el fenómeno de la dominación en las
relaciones sociales” (pp.1), puesto que, es un tipo de violencia invisible a
los ojos de la sociedad, y es ejercida en el día a día en los espacios
públicos, pero que, al no dejar huellas visibles, como lo hace el daño físico, no
es problematizada y conlleva a crear una desigualdad que ha permitido que
violenten y atenten contra la integridad y dignidad de nuestros territorios
corporales, ya que, como lo menciona (Vokwein & McConatha, 1997) citado por
(Becker Jr, 1999) “En realidad la imagen corporal es una entidad multifacética
que comprende las dimensiones física, psicológica y social”. Esto quiere decir
que el cuerpo se encuentra arraigado a estereotipos e imaginarios culturales
impuestos socialmente, en donde se interioriza la idea de violencia, dado que,
los modelos hegemónicos que representan al cuerpo se encuentran bajo dinámicas
de relaciones de poder.
Es decir, continuando con Becker, Jr.
(1999) menciona que:
Tempranamente el hombre y la mujer
desarrollan un esquema corporal o estructura cognitiva a través de la
percepción de cómo sus cuerpos son estructurados. Producto del modelo que
reproducen los medios de comunicación de masas hacia los cuerpos atractivos, no
nos sorprende que una parte de nuestra sociedad se lance a la búsqueda de una
apariencia física idealizada.
Lo
anterior deja en firme, la teoría de que somos producto de un constructo
social, el cual nos influencia de una manera determinada haciendo frente a cómo
debemos ser y actuar, y en relación a la forma en la que concebimos nuestro
cuerpo y el de los demás; es necesario resignificar la visión y el concepto que
se tiene sobre lo corporal, dejando en
claro que este es un territorio delimitado e independiente, sujeto de respeto,
descolonizado y absolutamente valioso, lleno de subjetividades en la forma en
la que cada individuo lo concibe, no existen cuerpos perfectos o imperfectos,
existen cuerpos habitados por mujeres y
hombres, cargados de emociones y sentimientos.
Aportar en la comprensión del fenómeno social de la violencia de
género a partir de un pensamiento crítico desde el cuerpo como territorio, en
el municipio de Zipaquirá departamento de Cundinamarca.
Este
cuerpo representado es una construcción simbólica en sociedad, en donde, ha
sido dominado, manipulado y vulnerado por diversos tipos de violencia; en
particular, el acoso sexual callejero que cada vez denigra y violenta el
territorio de otras (os). Territorios corporales situados dentro de un sistema
patriarcal, machista y violento que han sido expuestos a violencias como el
acoso sexual callejero, el cual se ha convertido en un fenómeno social que se
reproduce cotidianamente de distintas maneras y a su vez socialmente se
naturaliza considerándose normal dentro de las interacciones humanas.
De tal
manera, los cuerpos se desarrollan de estereotipos creados alrededor de qué es
ser hombre y que es ser mujer con todo lo que implica física, fisiológica y
psicológicamente, ya que, las ideologías y representaciones culturales que se
tienen acerca de este tipo de violencia, han llevado a considerar que este
hecho no es un factor influyente que denigra la dignidad e integridad de las
personas, por lo que, se naturaliza y así mismo se invisibiliza, convirtiéndose
de alguna manera en un suceso que día a día viven los seres humanos. Esto ha
causado como consecuencia una desigualdad social que agudiza el problema que
representa este tipo de violencia, pues, la superioridad que socialmente se le
ha establecido al hombre es una construcción de género por su sexo, en la que
se le ha permitido que violente y atente contra la integridad y dignidad de la
mujer, sin ningún tipo de reproche o castigo por los actos cometidos.
No
obstante, aunque el acoso sexual callejero es un tipo de violencia que se
produce y se evidencia más en las mujeres, en los hombres también se presenta,
pero debido a la concepción patriarcal y machista de esta estructura social, no
se reconoce ni se contempla como un tipo de violencia que atenta contra la
integridad, dignidad y desarrollo del ser humano.
La
relevancia del tema reside en las bases culturales, territoriales y creencias,
etc., puesto que estas llevan a construir todo un significado de vida, en
coherencia con unas concepciones y prácticas que dan forma al ejercicio diario
de interactuar, comunicar y expresar.
Solo se
puede cambiar este contexto violento mediante la comprensión que permita
aportar en la transformación de dichas estructuras, por lo tanto, se da la
necesidad de empezar a visibilizar las prácticas violentas que se han
naturalizado alrededor del cuerpo como territorio; por medio de un
reconocimiento crítico, el cual permita elaborar un conocimiento a través del
cuestionamiento acerca de lo que somos y de la manera en la que interactuamos
con los demás.
Es así
como, de la mano de la educación popular, se permite brindar herramientas de
educación y aprendizaje autónomo, contribuyendo de manera integral a la
transformación de realidades dentro y con las comunidades.
El cuerpo como territorio se ha visto
inmerso en una sociedad en la que interactúa desde la territorialidad que como
lo interpreta Emiliozzi. M. (2013) “se refiere a aquellas acciones de los
sujetos que intentan controlar, afectar e influenciar determinados
acontecimientos sobre un área, sobre un territorio”. (p.21) Desde antes de
nacer nuestros cuerpos ya están siendo señalados, juzgados, culpabilizados y
por lo tanto violentados por el hecho de existir; nacemos arraigadas (os) a la idea
de que somos culpables; y es que la existencia tiene sus raíces en el pasado,
nuestra vida es el pasado. Según Más (2016) afirma que las víctimas tienen que
soportar estos actos violentos no “(…)
como un evento aislado en sus vidas, sino que pasa a configurar parte de
su cotidianidad” (p.35). Con base en lo
anterior, y como resultado a los factores que socioculturalmente se han
presentado a nivel histórico Sola (2013) afirma que
El cuerpo es mediado por el consumo y el
mercado que le imponen conductas o pautas de comportamiento. Precisamente, una
de las instituciones más poderosas en nuestros días y que vehicula valores
hegemónicos acerca del cuerpo– es la comunicación mediática, que representa y
proyecta formas de actuar y modelos acerca de cómo debe ser el cuerpo, cómo
debemos tratarlo y cuidarlo o embellecerlo. (p. 54)
Los cuerpos han sido socioculturalmente
vulnerados, violentados, avergonzados y culpabilizados en actos que juegan un
papel fundamental en el acrecentamiento de la violencia contra mujeres y
hombres, en especial las pautas de crianza y la forma en la que se les enseña a
las (os) niñas (os), según Bourdieu
(1999 [1997]:186) citado por (Galak, E. 2010)
La relación con el mundo es una relación
de presencia en el mundo de estar en el mundo, en el sentido de pertenecer al
mundo, de estar poseído por él, en la que ni el agente ni el objeto se plantean
como tales. El grado en el que se invierte el cuerpo en esta relación es, sin
duda, uno de los determinantes principales del interés y la atención que se
implican en él, y de la importancia –mensurable por su duración, su intensidad,
etcétera– de las modificaciones corporales resultantes. (…). Aprendemos por el
cuerpo. El orden social se inscribe en los cuerpos a través de esta
confrontación permanente, más o menos dramática, pero que siempre otorga un
lugar destacado a la afectividad y, más precisamente, a las transacciones
afectivas con el entorno social.
Por consiguiente es que surgen
estereotipos creados alrededor de qué es ser hombre y que es ser mujer con todo
lo que implica física, fisiológicamente
y psicológicamente, puesto que esto ha generado como consecuencia una
desigualdad social que agudiza el problema que representa este tipo de
violencia, pues, la superioridad que socialmente se le ha establecido al hombre
es una construcción de género por su sexo, en la que se le ha permitido que
violente y atente contra la integridad y dignidad de la mujer, así como lo
menciona el autor Bourdieu en su libro la dominación masculina
El mundo
social construye el cuerpo como realidad sexuada y como depositario de
principios de visión y de división sexuantes. El programa social de percepción
incorporado se aplica a todas las cosas del mundo, y en primer lugar al cuerpo
en sí, en su realidad biológica: es el que construye la diferencia entre los
sexos biológicos de acuerdo con los principios de una visión mítica del mundo
arraigada en la relación arbitraria de dominación de los hombres sobre las
mujeres, inscrita a su vez, junto con la división del trabajo, en la realidad
del orden social. La diferencia biológica entre los sexos, es decir, entre los
cuerpos masculino y femenino, y, muy especialmente, la diferencia anatómica
entre los órganos sexuales, puede aparecer de ese modo como la justificación
natural de la diferencia socialmente establecida entre los sexos, y en especial
de la división sexual del trabajo (Bourdieu 1998 - PP. 11).
De hecho, los cuerpos han
estado inmersos en violencias invisibilizadas como lo es el acoso sexual
callejero, ya que, todo el
tiempo reproducimos las mismas pautas de crianza, ideologías, comportamientos y
conductas culturales que se ven reflejadas en lo que somos internamente, siendo
esto lo que proyectamos fuera y que es el resultado de la herencia llamada
Colonización, Sola (2013) afirma que “A través del cuerpo los sujetos
vivencian la realidad y la experimentan. Además, sólo mediante el cuerpo y a
través de él podemos acceder –de manera siempre parcial y limitada– al
conocimiento del mundo y de la realidad cotidiana” (pp.49). En relación se hace
mención de Rossi quien dice que, “Concebir al ser humano como producto de una
construcción social e histórica, como en el caso de las mujeres, demanda
adoptar un concepto tal como el de género, herramienta útil para dar cuenta de la
desigualdad social producto de su relación históricamente asimétrica con los
varones” (ROSSI, 2006, pp. 181-182), y es que el género es un constructo social
más, que permite evidenciar un orden social en donde según Pierre Bourdieu
“Mujeres y hombres no son un reflejo de la realidad “natural” sino que son el resultado de una producción histórica y
cultural, basada en el proceso de simbolización; y como “productores
culturales” desarrollan un sistema de referencias comunes” Bourdieu, P. (1997).
Al mismo tiempo conlleva a que los cuerpos se vean inmersos bajo
relaciones de poder, en donde la subordinación entra hacer pilar principal,
determinando que
El sujeto es, de hecho, un ser subordinado a las condiciones
sociales en las cuales se halla inmerso. Es por ello que no puede menos que
obedecer a la institucionalidad, que es el medio a través del cual se transmite
la ideología que condiciona su forma de ser y estar en el mundo, alienando su
acción a la obediencia de las relaciones de poder que se inscriben en este.
Ramos, E., Conde, G. (2015).
Por lo
tanto, conlleva a que las relaciones de poder, Maldonado: 1994: 149-151) citado
por Villarreal. A, 2001)
Son
ineludibles, forman parte de la sociedad y de todas las relaciones
interpersonales. Sin embargo, debemos tener en cuenta que el dominador no está
absolutamente determinado, no carece de libertad, ni de espontaneidad y él
forma parte de la totalidad de la relación e influye en la persona dominada,
así sea en forma parcial, y este a su vez, puede influir en el dominador o
dominadora.
En definitiva, la
construcción de lo que implica ser mujer y hombre es imposición de la cultura,
ocurre a través de mandatos machistas, que se reproducen constantemente en
estos territorios corporales y se representa desde lo sexuado, se ven
reflejados en las pautas de crianza, que son determinados por conductas a lo
largo de la vida y que se establecen bajo ciertos roles, prácticas y dinámicas,
que se asumen como naturales.
Materiales y Métodos
Esta investigación con enfoque
cualitativo interpretativo y descriptivo permite analizar de manera profunda la
recopilación de información suministrada por los grupos focales, comprendiendo
la importancia de las características intrínsecas y extrínsecas de cada
participante, así como lo menciona (Iñiguez Rueda 1999) (citado por Mesías,
2010).
La
investigación de tipo cualitativo en su enfoque rechaza la pretensión racional
de solo cuantificar la realidad humana, en cambio da importancia al contexto, a
la función y al significado de los actos humanos, valora la realidad como es
vivida y percibida, con las ideas, sentimientos y motivaciones de sus actores. “La cuantificación y medición de procesos
tales como opiniones, creencias, actitudes, valores, hábitos, comportamientos y
otros se ha presentado como uno de los avances más importantes, y se ha
convertido en el principal indicador y criterio de desarrollo científico”
(Iñiguez Rueda, 1999, 108).
Por consiguiente, a partir de una mirada
holística se busca comprender las particularidades y singularidades a partir de
la interpretación que según Vain, 2012 “Supone un doble proceso de
interpretación que, por un lado, implica la manera en que los sujetos humanos
interpretan la realidad que ellos construyen socialmente. Por otro, refiere al
modo en que los científicos sociales intentamos comprender cómo los sujetos
humanos construyen socialmente esas realidades” (Pp. 39), por lo cual, involucra
para esta investigación establecer cuáles son las ópticas o miradas frente a
las distintas realidades y para ello Morales, 2010 define que
El objetivo de la investigación
descriptiva consiste en llegar a conocer las situaciones, costumbres y actitudes
predominantes a través de la descripción exacta de las actividades, objetos,
procesos y personas. Su meta no se limita a la recolección de datos, sino a la
predicción e identificación de las relaciones que existen entre dos o más
variables. (pp. 2).
Es
así, que esta investigación se ha llevado a cabo por medio de tres (03) grupos
focales, los cuales permitieron compartir una interpretación sobre la noción
que se tiene acerca del reconocimiento del cuerpo como territorio, el cual, ha
sido concebido como la reproducción de imaginarios que cultural y socialmente
se han implantado.
La recolección de información se dio a
través de tres (3) grupos focales conformados en su totalidad por cuarenta y
cinco (45) participantes, en los cuales
se aplicaron técnicas como la observación participante, que según Kawulich
(2005) “es usada como una forma de
incrementar la validez del estudio, como observaciones que puedan ayudar al
investigador a tener una mejor comprensión del contexto y el fenómeno en
estudio” por lo tanto, es una forma de hacer parte o estar dentro del contexto
o la problemática que se está investigando; para ello, se hace uso de un
instrumento que permita sistematizar de manera significativa la experiencia
frente a lo observado, por lo tanto se hace uso del diario de campo el
cual Según Bonilla y Rodríguez (citado
por Martínez, L. 2007) permite al
investigador un monitoreo permanente del proceso de observación. Puede ser
especialmente útil [...] al investigador en él se toma nota de aspectos que considere
importantes para organizar, analizar e interpretar la información que está
recogiendo” (pp. 129) y la entrevista
semi estructurada que citando a
Díaz-Bravo, Laura, Torruco-García, Uri,
Martínez-Hernández, Mildred, & Varela-Ruiz, Margarita. (2013).
Dicen que Otra manera de denominar a la entrevista semiestructurada es: entrevista
etnográfica. Se puede definir como una "conversación amistosa" entre
informante y entrevistador, convirtiéndose este último en un oidor, alguien que
escucha con atención, no impone ni interpretaciones ni respuestas, guiando el
curso de la entrevista hacia los temas que a él le interesan. Su propósito es
realizar un trabajo de campo para comprender la vida social y cultural de
diversos grupos, a través de interpretaciones subjetivas para explicar la
conducta del grupo. (pp. 162-167).
Para el desarrollo de la investigación
con el grupo primer grupo focal, se llevó a cabo un taller en el cual se trató
el tema de reconocimiento corporal, por medio del baile contact; es así, que
haciendo uso de música suave, se realizaban movimientos espontáneos a lo largo
y ancho del espacio disponible, buscando así que cada participante logrará identificarse y reconocerse con su par,
omitiendo sensaciones como el miedo, construyendo así vínculos de confianza y
respeto entre los participantes. El desarrollo de este grupo focal tomó un
total de tres (3) horas, tiempo en el cual se buscó reconocer los imaginarios
culturales que tienen los participantes frente a su cuerpo como territorio;
como actividad de reflexión de tipo simbólica, se realizó un “ojo de Dios”,
hecho de manera guiada por parte de las investigadoras hacia los participantes,
en el cual se mostró al cuerpo como una
construcción colectiva, de igual manera se dibujó la silueta humana en papel,
para que los participantes identificaran las zonas que ellos sentían, eran
vulnerables a la hora de establecer contacto físico con otras personas.
El segundo grupo se apertura con una
breve socialización del proyecto investigativo por medio de un relato verbal,
seguidamente se inició con una actividad rompehielos de carácter introductorio
al tema del acoso sexual callejero, una pareja de participantes un miembro de
cada género presente es decir, un hombre
y una mujer, fueron vendados sus ojos y se les solicitó que empezasen a caminar
de manera libre por el espacio disponible, mientras se les increpaba con
palabras acosadoras como piropos, y luego de aproximadamente dos minutos en
esta dinámica se les detuvo y se les retiro la venda, luego de ello se les
preguntó acerca de cómo se sintieron en la actividad a lo que la mayoría de
ellos respondieron que se sintieron muy indefensos e incomodos y con miedo de
ser tocados de manera inconsciente por su par en lugares íntimos.
Seguidamente se abrió un pequeño espacio
para un debate con relación al tema de acoso sexual callejero en el cual los
participantes expresaron sus experiencias con respecto a dicho tema y sus
diferentes posturas acerca del mismo.
Luego de esto se propuso una actividad de
cierre la cual consistió en en la construcción de un espiral con diferentes
tipos de semillas suministradas a los participantes, cada uno de ellos iba
poniendo su puño de semillas y a la vez iba reconociendo que papel desempeñaba
dentro del constructo social del que todo parte, y posteriormente realizaba un
compromiso frente a su aporte en el mejoramiento de dicho entorno social.
El tercer grupo focal se realizó por
medio de un encuentro virtual, en el cual a partir de una entrevista no
estructurada se logra interpretar la percepción que tienen los participantes,
con el hecho de ser víctimas de esta problemática social que es el acoso sexual
callejero, se llevó a cabo con este grupo de personas una conversación amena en
la cual se fueron planteando interrogantes de manera progresiva, lo que logró
consolidar la información en la cual nos basamos para plantear y reafirmar la
teoría de que los hombres también son víctimas de estos tipos de violencia no
reconocidas.
En los dos grupos focales se utilizaron
recursos de tipo tecnológicos, materiales como esferos, cartulina, papel
periódico, marcadores, post it, material para el tejido del “ojo de Dios”.
Resultados
Por medio de la primera
dinámica que consistió en una interacción propia del sujeto consigo mismo, como
identificación de los imaginarios y reconocimiento del cuerpo como territorio, se logra observar como el miedo, la
inseguridad, y la vergüenza se apoderan de estos cuerpos, limitando al
pensamiento y así mismo al movimiento; posteriormente se asignan parejas donde la
intención es que con los ojos cerrados los participantes logren identificar a
su pareja; en efecto, se evidenció la falta de reconocimiento del cuerpo
puesto que se asume a seguir modelos idealizados por la sociedad, los cuales no
permiten el desarrollo de habilidades y destrezas que permitan el
reconocimiento de nuestro territorio.
La falta de reconocimiento del cuerpo como territorio que tienen los
participantes ha generado que surjan diferentes concepciones acerca del cuerpo,
según Pinzón (1999) menciona que desde la antigüedad
Se evidenciaba
un cuerpo máquina, ideológicamente preparado para servir con una obediencia
inconsciente y alienada a los fines de explotación capitalista. De otro, un
cuerpo masculino y patriarcal dejaba ver dos ámbitos morales para sus prácticas
sexuales, la compulsiva y poco gratificante sexualidad marital y la
idealización de un libre goce sexual por fuera del ámbito anterior. (p. 204)
De aquí que los cuerpos sean considerados
objetos de deseo y satisfacción sexual, a causa de la falta de reconocimiento
del propio territorio, (…) ya que ciertas polaridades culturales son
políticamente impuestas por conductas de las instituciones del sexo, la
familia, y el patriarcado. (Turner, 1989, p. 69)
Las ideologías y todos los principios
morales y éticos expresados por los participantes del grupo focal son los que
no permiten confrontar algo tan real como lo es la violencia en las calles y es
que como dice Maldonado (citado por Arias, 2016, p124) “desde pequeñas a
las mujeres se les enseña que la seguridad depende de su comportamiento, de lo
que visten, de a dónde van, de las horas en las que salen” (p. 42). Pero ¿por
qué no se les enseña a los niños y niñas sobre el respeto que se debe tener en
cuanto al cuerpo de las (os) demás?
Los participantes del grupo focal
manifestaron que la falta de reconocimiento del acoso sexual callejero como un
tipo de violencia, ha permitido que la personas víctimas de dicha agresión
experimenten emociones como el miedo, la culpa y la vergüenza causando afectación en sus
relaciones interpersonales, creando seres prevenidos, paranoicos y con una
sensación constante de inseguridad en lugares públicos y privados. Y es que
según Profamilia define como violencia sexual “todas las relaciones o actos
sexuales, físicos o verbales, no deseados ni aceptados por la otra persona. La
violencia sexual puede presentarse hacia hombres o mujeres utilizando la fuerza
o la coacción física, psicológica o cualquier otro mecanismo que anule o limite
la voluntad personal”. No obstante, a raíz de lo anterior surge el remordimiento que, según
Palacio, S. (2012) define “como ese dolor producido por la objetivación de los
actos propios que no están acordes con el ideal que percibe nuestra
inteligencia”. (p 159) y que convida a meditar, arrepentirse, anhelar que algo
cambie con el fin de irnos liberando a nosotros mismos (...) creando arrepentimiento, culpa e intención de cambio
(...) para no obrar como hicimos y permitir el ascenso en la conciencia. (160).
En efecto produciendo en la víctima cambios de conducta y de rutinas para
evitar ser blanco en una nueva ocasión de estas transgresiones.
Concretamente se ha dicho que
lo racional son (valores y creencias) o sea lo objetivo; por lo tanto, la
verdad. Mientras que lo irracional o subjetivo se considera desde las
(emociones y afectos). Con esto se quiere decir que no se da una validación
objetiva acerca de la violencia que sufren las mujeres por el acoso sexual
callejero ya que la violencia psicológica y emocional no se considera como algo
verdadero. Puesto que no se contempla como algo objetivo del conocimiento y
porque en la mayoría de los casos no quedan marcas visibles de dichos
casos.
Simultáneamente el
interaccionismo simbólico nos permitió por medio de las dinámicas grupales
interactuar con los participantes del grupo focal, reconociendo el cuerpo, como
territorio sujeto a compartir experiencias y vivencias con sus pares dentro de
un ambiente propicio para dicha interacción ya que según Carabaña y Lamo de
Espinosa (1978) “el individuo es concebido como activo frente al ambiente y
este como moldeable por el individuo; y viceversa, el individuo también es
flexible para poder adaptarse al ambiente mismo”. (pág. 160).
No obstante aunque el acoso
sexual callejero es un tipo de violencia que se produce y se evidencia más en
las mujeres, en los hombres también se presenta pero debido a la concepción que
se tiene con respecto a la corporalidad masculina y a la posición del hombre en
un estado de disponibilidad permanente y a los imaginarios de que este siempre
puede y quiere ser tocado debido a lo anterior Mancilla (2018) refiere que “está —muy— estigmatizado que el sexo masculino se atreva a levantar un cargo o
reportar un abuso o acoso, pues el hecho de hacerlo, puede aparentar
vulnerabilidad”.
Lo anterior alude, a que la
construcción de la masculinidad es imposición de la cultura, ocurre a través de
mandatos machistas que se ven reflejados en las pautas de crianza, determinados
por conductas a lo largo de la vida que se establecen bajo ciertos roles,
prácticas y dinámicas, que se asumen como naturales; así mismo, los hombres
generalmente están catalogados por ser agresores, violentos, opresores, sin
embargo, constantemente son juzgados por no cumplir con las representaciones
estructurales que les son impuestas socialmente.
En efecto, hombres y mujeres
estamos operando en un control de dinámicas establecidas por imaginarios y
estereotipos que se crean alrededor de nuestros cuerpos, condicionados de Ser,
pensar y actuar por imposición de roles, que están basados en sistemas o
estructuras hegemónicas, sin embargo, en el transcurrir del tiempo la lucha
feminista, organizadas en movimientos sociopolíticos, han logrado hacer visible
lo que por durante mucho tiempo fue invisilizado, naturalizado y privatizado
ante los ojos de la sociedad, ya que, se tenía a consideración que la mujer
debía estar relegada a lo privado (Familia, hijos, crianza, cuidado), sin
embargo, a través de grupos de apoyo y
el compartir de experiencias de lo que pasaba en la vida cotidiana de cada una,
lograron visibilizar problemáticas enmarcadas en lo privado y sacarlo lo
público, en donde, ya no era una, ni dos, sino que, era la gran mayoría de
mujeres que atravesaban por estas dinámicas violentas; así mismo, en estos
tiempos se está haciendo notable la aparición de grupos alternos de nuevas
masculinidades, en procesos para generar cambios individuales, colectivos e
institucionales del sistema patriarcal, trabajando desde la pedagogía del
cuerpo temas relacionados con el replanteamiento de patrones, pautas de
crianza, sexualidad, paternidad, políticas públicas de género, entre
otros, para generar otro tipo de
subjetividades que permita generar una transformación en el marco de relaciones
de poder.
Discusión
El fenómeno de la violencia debería
observarse desde la violencia que generamos nosotras (os) mismos para luego
observar la externa; ya que todo el tiempo reproducimos las mismas pautas de
crianza, ideologías, comportamientos y conductas culturales que se ven
reflejadas en lo que somos internamente, siendo esto lo que proyectamos fuera y
que es el resultado de la herencia llamada Colonización.
De la misma manera el acoso sexual
callejero y todas las formas de violencia que lo configuran se han normalizado
y no se han constituido como un problema que provoque algún tipo de emoción,
daño o perjuicio, más sin embargo Guillén (2014) afirma que “el acoso sexual
callejero tiene efecto sobre las emociones de las víctimas. En las
participantes mujeres, la cólera es la emoción que se experimenta con más
frecuencia, le sigue la sensación de impotencia”. (p25), y en los hombres no es
nada diferente, pues su sentir emocional se ve afectado en estas dinámicas
violentas que transgreden los límites de nuestros territorios corporales, por
ende, a partir
de toda la información obtenida en el transcurso de esta investigación, se
plantea una nueva pregunta para darle seguimiento a este proceso:
¿Cuál es
el papel de los movimientos conocidos como nuevas masculinidades en la equidad
en las relaciones de poder entre hombres y mujeres?
Soto
(2013) afirma que
Estos grupos proponen practicar
la igualdad con las mujeres y el activismo social, la investigación académica y
la formación de grupos de reflexión de varones para desmontar el ideal de la
masculinidad hegemónica y construir masculinidades mejores y no peores que la
hegemónicamente existente, sino masculinidades resistenciales, alternativas o
subversivas, así como crear las condiciones para una disolución de las actuales
relaciones de género. (pp. 102-103)
Con base
en lo anterior, podemos decir que las nuevas masculinidades surgen a partir de
la necesidad de dar un giro total a la historia de la masculinidad conocido
como un movimiento dominante sobre el grupo femenino, las nuevas masculinidades
están actuando como unos aliados de las mujeres, con el fin de resignificar el
papel de lo masculino y lo que es ser hombre en la sociedad actual, así como lo
menciona Soto (2013) el cual concluye que
Por ahora el movimiento de las
nuevas masculinidades sigue su camino y su proceso de consolidación, entre los
desafíos están la fase de consolidación y de diferenciación de la corriente
feminista de la cual se nutre y desde donde surge el proceso de crítica hacia
la cultura patriarcal (pp. 105).
Es así,
que los movimientos masculinos emergentes siguen planteando nuevos retos, que
les permita desligarse culturalmente de normas ya establecidas
Socioculturalmente; estereotipos de machos que excluyen diferentes dinámicas
subjetivas como, por ejemplo: no llorar, ser el mejor, ser fuerte, competitivo.
Distinciones de masculinidades, basadas en un modelo hegemónico de hombre
blanco con poder, en el poder y de poder, que sirve de modelo para que otros
hombres aprendan a ser hombres de verdad.
A partir
de lo anterior en diferentes países de América Latina, un número significativo
de hombres ha estado en busca de caminos alternos y comunitarios, que los
lleven a descubrir otro tipo de subjetividad que les permita generar una
transformación del marco de relaciones de poder, de las normas y las prácticas
cotidianas; a esto le llaman “Despatriarcalización”, el cual se entiende como
el proceso de transformación radical de la identidad hegemónica hacia modelos
alternativos que involucren el ejercicio democrático del poder.
La
construcción del ser humano se encuentra influenciada por factores que influyen
de determinadas maneras, pautas de crianza, cultura, ritos, idiosincrasia,
mitos, estereotipos e imaginarios, que se reflejan en gran dimensión en la
construcción corporal e integral de los seres humanos, sin embargo, es
pertinente dar relevancia a las pautas de crianza, puesto que, desde aquí, es
en donde se reproduce y se legitima heteronormatividades que violentan y agreden
los cuerpos de otras (os), por lo tanto, consideramos que a partir de la
formación integral en “escuelas de padres” se generará un pensamiento crítico
basado en la realidad y el contexto de cada individuo, lo cual, permitirá
elaborar desde su propia experiencia el surgimiento de preguntarse y
cuestionarse frente a las creencias, hábitos e idiosincrasias a las cuales se
encuentran sujetos, para deconstruir adoctrinamientos en el pensamiento y la
manera de accionar en el diario vivir. A partir del pensamiento crítico, se
pretende diseñar instrumentos de Cartografía física y corporal, que permitan
visibilizar los lugares en donde se evidencia los tipos de violencia que se
presentan en los diferentes sectores de Sabana Centro.
Conclusión
El no reconocimiento
del cuerpo como un territorio propio. El territorio corporal implica conocerlo,
interpretarlo y entenderlo. Los imaginarios y las representaciones del cuerpo
como territorio surgen a partir de ideologías de dominación y manipulación.
Falta de reconocimiento del acoso sexual callejero como un tipo de violencia.
El ASC se
ha normalizado y no se ha constituido como un problema que cause algún tipo de
daño o perjuicio. Esta muy estigmatizado que el sexo masculino se atreva a
reportar un acto de acoso sexual, pues al hacerlo demuestra vulnerabilidad. La
construcción de la masculinidad es imposición de la cultura, ocurre a través de
mandatos machistas que se ven reflejados en las pautas de crianza, determinados
por conductas a lo largo de la vida que se establecen bajo ciertos roles,
prácticas y dinámicas, que se asumen como naturales.
Los
hombres están catalogados por ser agresores, sin embargo, constantemente son
juzgados por no cumplir con las representaciones estructurales que les son
impuestas socialmente. Hombres y mujeres estamos operando en un control de
conductas e imaginarios acerca de las relaciones entre Hombres y Mujeres, que
están cruzadas por la sexualización, el cuerpo se representa desde lo sexuado.
Un número significativo de hombres ha estado en busca de caminos alternos, que
los lleven a descubrir otro tipo de subjetividad que les permita generar una
transformación en el marco de relaciones de poder.
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